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La congestión de las ciudades es uno de los factores que
afectan la economía. Una metrópoli parada es una urbe que no es rentable para
nadie, ni para el bolsillo, ni mucho menos para la salud mental. En la mayoría
de los casos, la problemática se da debido a la mala planeación de las mismas y
a la falta de estudios urbanos que detallen las exigencias comerciales y
sociales que deben tener los núcleos urbanos que van a la vanguardia del mundo.
De igual forma, son muchos los sectores y gremios que se ven
afectados de dicho caos. Uno de ellos es el de la construcción, debido a los
problemas logísticos que deben enfrentar a diario las industrias, en Colombia,
por ejemplo, no contar con una infraestructura vial adecuada, sumado a los
largos desplazamientos hacia los centros de distribución y los principales
puertos del país, hacen que se incrementen de manera sustancial los valores reales
y virtuales de una obra.
Édgar Blanco, director de Investigación del Centro para
Transporte y Logística del Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados
Unidos), dice que justamente, el concepto de logística urbana busca evitar
mediante diversas estrategias de organización y planificación, sortear que los
precios de diversos actores sociales y económicos no aumenten debido a la
movilidad. Sin embargo, hay que entender que las características dentro de una
ciudad no son las mismas, así como cada lugar en el mundo es único, y este es
uno de los grandes retos de esta metodología.
“Lo primero que observo en las ciudades que son buenas para
el manejo de logística urbana, caso Londres, Paris o Nueva York, es que estas
cuentan con suficientes mapas de sus características, no muy detallados, pero
suficientes para determinar la densidad poblacional y sus particularidades,
incluyendo el número de negocios y el tipo de comercio, ya que cada uno
requiere de una diferente planeación. Dividir la ciudad por áreas y usos acorde
a cada zona es un buen comienzo”, añadió Blanco.
No obstante, son muchos los retos que tienen que mitigarse
antes de pensar en una planeación logística que se acople a las necesidades
particulares de cada urbe y, en el caso de la construcción, se deben buscar
soluciones consensuadas entre el sector público y privado para minimizar sus
dificultades, con un diálogo que se enfoque en la construcción de una política
pública en beneficio de todos, creando alianzas entre los gobiernos locales y
los empresarios. En ciudades como Bogotá, “no existe una discusión técnica
sobre el tema, sino que esta es mucho más política”, puntualizó.
BOGOTÁ, CENTRO DE CONSUMO
Bogotá es el gran consumidor de insumos de construcción en
Colombia. Según Sandra Forero, presidenta de Camacol Nacional, solo en los
proyectos de vivienda social del Gobierno Nacional, se prevén entre el 2015 y
el 2018 consumos de 14,9 billones de pesos. Si a esto se suma en auge de la
construcción en los municipios vecinos, el atractivo del mercado central es muy
alto.